Diputación de la Grandeza

NUEVO DECANO DE LA DIPUTACIÓN DE LA GRANDEZA DE ESPAÑA


El 21 de marzo de 2018 se ha celebrado, con la Venia de Su Majestad el Rey, la Asamblea General de la Diputación de la Grandeza de España. Entre otros asuntos incluidos en el orden del día se procedió a una renovación parcial del Consejo Permanente y Diputación de la Grandeza de España.

El Duque de Híjar, que cumplía su segundo mandato de cuatro años al frente de la Diputación, no se presentó a la reelección. En su lugar, como nuevo Decano fue elegido don Enrique Fernández-Miranda y Lozana, Duque de Fernández-Miranda, Grande de España.

Cesaron como Vocales del Consejo a petición propia, por haber cumplido su mandato, además del propio Duque de Híjar, el Vizconde del Castillo de Almansa y el Conde de Rodas. En su lugar resultaron elegidos como nuevos Vocales, la Duquesa de Arcos, la Marquesa de Cea y el Duque de Tetuán.

 
Discurso del Excmo. Sr. Duque de Fernández-Miranda, Decano de la Diputación Permanente y Consejo de la Grandeza de España, a la Asamblea
(21 de marzo de 2018)

 

Querido Duque de Híjar, querido Alfonso.
Queridos consejeros.
Excmas. e Ilmas. señoras. Excmos. e Ilmos. señores, Queridos amigos.
 
Mi agradecimiento, en primer lugar, al Duque de Híjar, que ha tenido la generosidad de proponerme a esta asamblea para sucederle como Decano de la Diputación de la Grandeza y sobre todo, como él ha señalado, por lo que mi candidatura supone de homenaje a Torcuato Fernández-Miranda y Hévia, mi padre, Primer Duque de Fernández-Miranda y caballero de la Orden del Toisón de Oro.
Mi agradecimiento, en segundo lugar, a todos los que habéis aceptado la propuesta y me habéis elegido Decano.
Espero y deseo no decepcionaros pues el reto es inmenso.

Inmenso en sí mismo por la importancia de ésta institución, de ésta Corporación, de la que S.M. el Rey D. Felipe, en la audiencia que nos concedió en el año 2015 con motivo de la celebración del bicentenario de nuestra creación, nos dijo: “La Diputación de la Grandeza es una entidad valorada en el mundo académico, cultural e historiográfico que ayuda a mantener vivo el extraordinario patrimonio que para España representan los títulos nobiliarios a lo largo de los siglos. Un auténtico tesoro de nuestra historia milenaria.”

Un reto inmenso, así mismo, por la labor que el Duque de Híjar ha llevado a cabo a lo largo de estos últimos 8 años. Espléndida labor con momentos sumamente difíciles, con asuntos sumamente complicados que ha sabido resolver respondiendo con los principios básicos de nuestra razón de ser como Diputación de la Grandeza:

- lealtad y servicio a S.M. el Rey.
- lealtad y servicio a España.
- lealtad y servicio a todos vosotros, Grandes y Títulos del Reino.

Reconocimiento pues a su labor y a la de los Consejeros que a lo largo de estos años le han acompañado.

Quiero deciros, en primer lugar, que conozco bien esta institución, que conozco bien también la historia de España a la que como Grandes y Títulos del Reino han contribuido los primeros merecedores de las distinciones nobiliarias y con méritos muy semejantes, en numerosas ocasiones, muchos de vosotros, sus sucesores.

Somos herederos de lo mejor de la historia de España y ejemplo de sus mejores “virtudes sociales”.

Somos y representamos lo mejor de cada momento de la historia de España desde los reinos de Asturias, León, Castilla, Aragón, Navarra, hasta el Reino de España, hasta nuestros días.

Todos nosotros mantenemos vivo el concepto de España, el principio de lealtad y servicio al Rey y la idea de servicio a todos los españoles, que con la actuación de esa élite en el sXX y con la restauración de la monarquía, se ha conseguido con los últimos 44 años, el periodo más largo de libertad, paz y progreso de nuestra historia gracias a Don Juan Carlos y a Don Felipe, nuestros Reyes.

Y por haber contribuido a ello debemos estar orgullosos de haber aportado hechos, logros, realidades tanto al servicio de S.M. el Rey como al de España o al servicio de nuestros conciudadanos, aunque algunos de ellos no lo reconozcan y nos paguen con el rechazo desde el desconocimiento más profundo de lo que hemos sido o somos en la historia de España.

Y a esos que nos rechazan y nos combaten en público o en privado habría que preguntarles si en nuestra historia las casas de Medina Sidonia, de Alburquerque, de Alba, de Infantado, de Osuna, de Fernán Núñez y tantas otras, no han contribuido a la grandeza de España.

O si en el sXX, tras la restauración de la monarquía, S.M. el Rey Don Juan Carlos no acertó en el reconocimiento público de “virtudes sociales”, del grado de excelencia que algunas personas alcanzaron en ámbitos como

-La actividad científica en la que reconoció
al Marques de Grisolía
o al Marqués de Fuster

-En la actividad intelectual y académica, como
a la Condesa de Gisbert
al Marqués de Vargas Llosa
o el Marqués de Castrillón

-En las artes, como
al Marqués de Dalí de Púbol
al Marqués de Tápies
al Marqués de Iria Flavia
o al Marqués de los Jardines de Aranjuez

-En el deporte, como
al Marqués de Del Bosque

-O en la actividad política para traernos de la dictadura a la democracia y restaurar la monarquía, como
al Marqués de Tarradellas
al Marqués de Oreja
al Duque de Suarez
o al Duque de Fernandez-Miranda.

Os hago pues un primer ruego, una primera petición: Demostrar orgullo de pertenencia a este grupo humano, pues, junto con otros muchos, sin duda, hemos contribuido a la existencia de la Nación española, de España, y la hemos ido mejorando a lo largo de los siglos hasta el día de hoy.

Y permitirme que de nuevo cite las palabras que nos dirigió S.M. el Rey Don Felipe. Nos dijo: “También sabéis que debemos mejorar siempre ese legado buscando la excelencia, dedicando un esfuerzo permanente y manteniendo el compromiso solidario con el resto de la sociedad.”

En segundo lugar deciros que quiero seguir trabajando como Decano de la Diputación sobre lo ya trabajado.
Que quiero alcanzar nuevos logros sobre los logros ya alcanzados.
Que quiero hacerlo también desde mi propia experiencia en esta Corporación y desde mis capacidades, si alguna tengo. Desde los 10 años en los que acompañé como Consejero al Conde de Elda o desde los últimos 5 años con el Duque de Hijar.
Que quiero hacerlo desde lo mucho que aprendí de ellos, de su paciencia, de su fantástico “saber hacer”.
Que quiero que seamos capaces desde el Consejo, con nuestras iniciativas y trabajo, de hacer deseables para toda la sociedad española esas “virtudes sociales” que originaron nuestros títulos nobiliarios, “virtudes sociales” ejemplares que tienen que seguir contribuyendo a conformar la realidad cotidiana de España, que tienen que seguir contribuyendo, como dijo S.M. el Rey Don Felipe en su mensaje de Navidad de este año “al triunfo colectivo que es España”.

Quiero llevar a cabo mi función, y no será fácil, siguiendo el ejemplo de los que fueron Decanos de la Diputación desde su creación en 1815 hasta el día de hoy.
Quiero ser digno heredero de ellos. A todos ellos quiero emular y no será nada fácil conseguirlo.

Espero poder hacerlo, deseo poder lograrlo, pero para ello será imprescindible la ayuda de todos vosotros que os pido formalmente.
La fuerza del estamento nobiliario sois vosotros, no lo es la Diputación, no lo es el Consejo, no lo son los Consejeros o vuestro Decano, la fuerza, no lo dudéis, sois vosotros.

En tercer lugar os anuncio que someteré a la consideración del Consejo las siguientes iniciativas:

-La Comisión Genealógica, pieza clave de nuestra actividad de asesoramiento a S.M. el Rey y al Ministerio de Justicia, seguirá, como es lógico, con su actividad habitual con nuestro asesor genealógico el Conde de los Acevedos cuya labor quiero reconocer en estos momentos.

-Propondré la creación de nuevas comisiones de estudio y asesoramiento:
Una Comisión de Patentes y Marcas
Una Comisión de Heráldica Nobiliaria

-Al duque de Linares, que le pediré que siga siendo responsable de la Encuesta Anual y del Ciclo de Encuentros, le voy a encargar que en la próxima encuesta os pregunte “qué creéis que le falta a la labor de la Diputación?”.

-Quiero poner en marcha, con la colaboración de todos vosotros, una campaña de adhesión de nuevos miembros a la Diputación y continuar con el importante y exitoso esfuerzo que se viene haciendo en los últimos años con el Duque de Hijar.

Somos en este momento 744 adheridos pagando la cuota.
Conocéis de sobra, y no voy a reiterarlo, la escasez económica en la que la Diputación se mueve, escasez a pesar de la cual y gracias, por un lado, a los tesoreros (el último el Marqués de la Solana al que le pediré que siga siéndolo) y, por otro, a la capacidad de gestión infinita de nuestra Gerente, María Aritio, sabéis que se hacen auténticos milagros que todos conocéis por los informes de gestión en la Asamblea de cada año.
Imaginaros que podríamos hacer si cada uno de vosotros trajese a un nuevo miembro y fuésemos 1500…

Y termino.

Nacen todas estas ideas del deseo de servicio a S.M. el Rey, de serviros a todo vosotros, del deseo de seros útiles, de que la Diputación, desde la capacidad indiscutible de sus Consejeros, pueda contribuir, si lo consideráis oportuno, a la gestión de vuestros intereses.

Quiero ejercer mis funciones como Decano de la Diputación Permanente y Consejo de la Grandeza de España y Títulos del Reino con lealtad absoluta a S.M. el Rey D. Felipe, encarnación viva de la historia de España.
Con lealtad al Reino de España como la nación más antigua de Europa.
Al Reino de España sin cuya existencia no sería posible que el mundo de hoy fuese como es.

Al Reino de España que ha sabido recorrer, con sus mujeres y con sus hombres, su propia historia, crear su propia y espectacular cultura, desarrollar las acciones políticas que nos han traído hasta nuestra actual ley de leyes, a nuestra Constitución de 1978, “por la que siempre nos debemos guiar” como le recordó S.M. el Rey a la Princesa de Asturias en la ceremonia de imposición del Toisón de Oro, y en cuyo Título Preliminar, en su artículo 2º dice:
“La Constitución se fundamenta en la indisoluble unidad de la Nación española, patria común e indivisible de todos los españoles…”

Sirva esta cita de recordatorio no solo para los secesionistas, para los desleales, sino también para los tibios, para los equidistantes, tanto más cuanto más obligados estén, por sus realidades personales, a defender la unidad de España.

Gracias de nuevo por elegirme, por depositar vuestra confianza en mí.
Me tenéis a vuestra disposición.

Muchas gracias.

 

Homilía pronunciada por el Arzobispo Castrense de España en la Misa celebrada el 3 de abril de 2018 al cumplirse el XXV aniversario del fallecimiento de S. A. R. Don Juan de Borbón y Battenberg, Conde de Barcelona.

 
MISA EN EL XXV ANIVERSARIO DE LA MUERTE DE S. A. R. DON JUAN DE BORBÓN Y BATTEMBERG, CONDE DE BARCELONA
 
Real Monasterio de El Escorial
3 de abril de 2018
Martes de la Octava de Pascua
 
Majestades, querida familia de S.A.R D. Juan de Borbón, Conde de Barcelona, Autoridades, Hermanas y Hermanos
 
1. “La misericordia de Dios, llena la tierra” (Sal 32).
La voz del salmista expresa el gozo de la humanidad, al verse liberada de la muerte y el pecado por el acontecimiento de la pasión, muerte y resurrección de Cristo, Hijo de Dios vivo. Este es el hecho definitivo que irrumpe en la historia de los hombres y de los pueblos, dando una esperanza nueva: La muerte ha sido absorbida en la victoria, de Aquel que, siendo de condición divina, tomó nuestra carne mortal y la libró de la corrupción eterna (cf. 1Cor 15,54-59). Este evento mesiánico del que nos habla la primera lectura (Hec 2,36-41), hace posible que nuestra débil humanidad se vista de inmortalidad, cumpliéndose las palabras de Jesús: “Yo soy la resurrección y la vida. El que cree en mí vivirá, aunque muera; y todo el que vive y cree en mí no morirá para siempre” (Jn 11,25-26). Por eso mismo, los cristianos estamos celebrando la Octava de Pascua, que es una prolongación de la “solemnidad de solemnidades”. El Resucitado convierte nuestras lágrimas de luto, como las de María en el sepulcro, (Jn 20,11-16) en gozo y alegría. Ya que el Dios Padre de todos los hombres se ha manifestado en el “Gran Viviente”, Jesucristo, el Kyrios, el Señor.
 
2. En esta fe vivió y murió S.A.R. D. Juan de Borbón y Battemberg, Conde de Barcelona. Precisamente el pasado domingo de Resurrección 1 de abril se cumplía el XXV aniversario de su fallecimiento. Hoy, por deseo expreso de su nieto el rey de España S. M. Felipe VI, nos reunimos cerca de su sepulcro, para rogar a Dios por el eterno descanso de su alma.
España debe a S.A.R. Don Juan de Borbón gratitud, reconocimiento y deber de dar a conocer su obra a las nuevas generaciones. Hijo, padre y abuelo de Rey, fue Jefe de la Casa Real española durante más de treinta años. Sin su excepcional figura y generosidad, nuestro pueblo difícilmente hubiese gozado hoy de la reconciliación social, de la democracia y del desarrollo socioeconómico que tiene. Sin llegar a reinar, consiguió para nuestro país abrir nuevos tiempos de paz, progreso y modernidad. Para ello, no regateó sacrificios. Así, vio truncada su vocación de marino, para entregarse a encarnar y defender la legitimidad histórica que le encomendó su padre el Rey don Alfonso XIII. Luego asumió los sinsabores de un largo exilio, el dolor de nuestra contienda civil, las incomprensiones de cercanos y lejanos.
Por amor a su Patria y a la Corona llegó hasta desprenderse de su hijo, hoy S. M. el Rey Don Juan Carlos para que a la temprana edad de 10 años comenzase su formación en España. Llegó a ser “probado en el crisol” de una larga enfermedad, que no le impidió aquel 14 de mayo de 1977, pronunciar solemnemente: “Majestad: por España, todo por España”, entregando de esa manera el relevo dinástico.
Meses antes de su fallecimiento en Pamplona, toda la Familia Real se reunió en el acto de entrega de la medalla de Oro de Navarra, por su labor en favor de la democracia. El entonces Príncipe de Asturias, hoy nuestro Rey Felipe VI, leería en nombre de su abuelo, Conde de Barcelona, unas palabras de saludo, que entre otras cosas decía: “Querida María; tenemos tú y yo la satisfacción de poder decir hoy que nuestras esperanzas y deseos no estaban descaminados y que hemos administrado prudentemente el legado de la legitimidad histórica, que es, en definitiva, patrimonio de España y de los españoles.”
 
3. Nuestro hermano Juan de Borbón en su Testamento afirma claramente su pertenencia a la fe de la Iglesia Católica, Apostólica y Romana, en la que deseó “vivir y morir”, como lo hizo su familia. Al igual que todo cristiano, fue consciente de que en el seno de la Iglesia es donde se experimenta el perdón de nuestros pecados que, por la debilidad humana, se hacen presentes en la vida de los mortales. Sintió la misericordia divina y siempre se acogió a ella. En la cláusula decimotercera, encontramos lo más genuino del Evangelio (cf Mt 6,12-14), que es su petición de perdón a todos aquéllos a quienes hubiera podido perjudicar u ofender. De la misma manera, perdona a todos sus posibles enemigos, a los que nunca consideró tales. Como persona magnánima y noble caballero, nunca olvidará el valor de la gratitud hacia sus amigos y los buenos españoles, que le ayudaron y acompañaron a lo largo de la vida. Sobre todo, expresa el cariño y agradecimiento a su querida esposa, S. A. R. doña María de las Mercedes, por la comprensión y ayuda que le prestó durante tantos años.
 
4. Es lógico, humano y cristiano que, en esta mañana, MAJESTADES, ALTEZAS REALES, vuestras mentes se llenen de recuerdos familiares, y vuestros corazones se ensanchen de amor y recuerdo agradecido para el que fue “norte y guía” en salvaguardar una Monarquía que fuera de todos, y para todos, lejos de sectarismos y partidismos. Cuantos estamos presentes en esta Basílica del Real Monasterio de El Escorial, admiramos su ejemplo de patriotismo, sentido del deber, humanidad, diálogo y gran apertura de espíritu que él nos dejó. Esta riqueza de valores personales dio nuevo rostro a la institución monárquica, acorde con los tiempos actuales.

Terminemos implorando a la Patrona de España, la Inmaculada Concepción, a la que su querido abuelo, D. Juan de Borbón y Battemberg, Conde de Barcelona, profesó una firme y arraigada devoción, paralelamente a su amor a la Patria. Que la Virgen María, invocada bajo tantos y ricos nombres a lo largo de la geografía española, nos libre de todos los peligros y podamos convivir en unidad, concordia, solidaridad, justicia y paz.
 
+Juan del Río Martín
Arzobispo Castrense de España

 



NUEVO DECANO DE LA DIPUTACIÓN DE LA GRANDEZA DE ESPAÑA

CICLO DE CONFERENCIAS EN MADRID “BIOGRAFÍA E HISTORIA”. ABRIL DE 2018.

CICLO DE CONFERENCIAS EN SEVILLA

CICLO DE CONFERENCIAS BIOGRAFÍAS E HISTORIA. MARZO DE 2017

CICLO DE CONFERENCIAS EN SEVILLA SOBRE CARLOS V

CICLO DE CONFERENCIAS EN MADRID “BIOGRAFÍA E HISTORIA”


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